#9

Has estado en todas las horas de la oscura noche de mi día,

Como un demiurgo maligno que ronda la duda.

Pero en la conciencia más zurda, siniestra,

Has sido el Gabriel y Judas expiando mi debilidad.

Y cada nocturnidad que me encuentro con tu sombra,

Ésta me inunda y me ahoga en el charco infausto,

Donde antes me iba a bañar

con llanto

todavía,

Víctima y culpabilidad.

Si la muerte me retirase y escogiese mi tumba,

No tuviera que matar,

Arrastrar,

Sin ganas,

Este cuerpo vacío, frío como tu vanidad.

Carolineizado,

Mentiras y supuestos hipnotizados del conformismo que es no tener piedad,

Y en tanto que repito tu nombre mil y un veces

Se abre un espacio que se dice transitorio

Y de repente,

Caigo por el escabroso surreal, donde relojes de muertes fingidas,

Planetas matizados con resoluciones de alto contraste,

Dalí sobrevalorado, un agujero de conejos torcidos,

Y las mil marianas –ves cómo sufre mi forma-

Me obligo a mí misma a recordar.

Asesíname

Que aun siendo guerrera y guerra

Y santa y embrujada,

Tiendo a sopar mi alma en el charco negro de tu malévola sombra,

Lleva de mí lo que dejaste

a la aurora del agrietado pavimento, por el que miles de hormigas pasaban

hambrientas y excitadas,

Cuando arrastraste por cuadras y cuadras mi pecho,

Te comiste mi hígado y fingiste un veneno biliar.

Hiciste de mí el As de tus cartas de mago arlequín,

Tapando con un dedo la cura exacta de mi benévola demencia.

Fui las cadenas y la llave pero el Prometeo infortunado en tu cruz.

No soy nada

Soy la Nada.

Ha de voltear la mirada algún día

Y verá quien eres tú,

Al que aún cuido de su símil.

Demonio sagrado enceguecido, entre la sombra y la luz.

Y mientras te bañas la cara con maizales dorados

Y finges que el humo fue tu salvación,

Aúllan perros anunciando la muerte,

De una mente infinita,

A la que le fue dada mi ambición.

Sigo siendo el grano de arena,

La brisa ligera, el campo talado

Y la bruja austera,

Con ojos de perro,

Oráculo que anuncia tu desolación.

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